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El migrante: Evangelio de nuestro tiempo.


Cada año a los escolares jesuitas de primera etapa[1] nos envían por tres semanas en el periodo vacacional de diciembre a colaborar en algún proyecto, de preferencia jesuita.
Es así como el pasado diciembre, Nerio, Marcos y yo emprendimos la aventura (entre el desconcierto y el temor) de estorbar lo menos posible en el albergue para migrantes: “De Canal Guadalupano”, ubicado a las afueras de Tierra Blanca, Veracruz; que es dirigido por Dolores Palencia, religiosa de San José de Lyon, y Rafa Moreno Villa (un sacerdote Jesuita), entregado a la misión.

No abundaré en la organización del albergue, sólo decir que viven de la caridad y buena voluntad de los habitantes de la comunidad y la región. Las comidas son sencillas a base de frijol y arroz blanco y, cuando hay una donación pollo en sopa de pasta; estructuralmente el edificio tiene sus limitaciones, pero las actividades se realizan con entusiasmo y grande ánimo.

Para mí la experiencia fue la de un Jesús que se encarna en la gente. Un Jesús hondureño, salvadoreño, nicaragüense, guatemalteco e incluso mexicano o estadounidense. Creo que el Reino es uno, de ahí que se hace necesario encontrar aquello pequeño que nos hace semejantes a todos los hombres y no centrarnos en las grandes diferencias que alimentan nuestro egoísmo y nos deshumanizan. Sólo así, podremos decir que seguimos y servimos al Jesús que se nos anuncia en los Evangelios.

Tener los sentimientos del artesano es acoger a los más desvalidos, esos a los que la sociedad llama: “rateros, cochinos, matones, cáncer social, escoria.” La misión no es fácil pero la fórmula está al alcance de todos, como lo decía el Padre Arrupe[2]: “enamórate, permanece enamorado y ello lo decidirá todo, determinará lo que te haga saltar de la cama en la mañana, lo que hagas con tus atardeceres, cómo pases tus fines de semana, lo que leas, a quien conozcas… ”. Un amor que va más allá de mis propios límites, de mi vulnerabilidad, incluso de mi lógica, porque no es asunto de la razón sino del corazón.

Esta gracia recibida –y lo digo con profunda humildad- me llevó a ver en el hermano migrante al Jesús que se encarna, el que aun en la actualidad vive su viacrucis. No es fácil experimentar el coraje, la frustración, el dolor de tanto daño causado al hermano migrante. Descalzo, con los pies a reventar, con el rostro destrozado por los palos recibidos para arrancarle su mochila cuyo único botín es un suéter y tres tortillas para el viaje. “Qué bueno que abusaron de mí” dice una hermana migrante, “porque así todos seguimos con vida.” Otra voz a lo lejos me anuncia: “Hermano, no llevamos nada encima, el frío y el hambre calan, pero el cobijo de Dios nadie nos lo quita, ya verá como nos será propicio para llegar con bien a nuestro destino.”

Bendito baño del albergue que recibía mis lágrimas, mi furia, mi descarga afectiva; el único espacio en el que podía estar conmigo y de cara a Dios, controlar mis sentimientos y seguir firme en la misión.
De sus vidas e historia familiares mejor no cuento, básteme decir que son como las de Lázaro (el leproso) y el rico de los Evangelios: a veces ni las migajas que caen de la mesa les tocan, pero seguro estoy como ellos dicen, que Dios les tiene preparado un banquete mejor.  Si algo encontré con esta gente es evangelio, buena nueva, fe que se hace vida y se encarna.

 Así es la historia de cientos de hermanos centroamericanos que pasan a diario por el albergue, esos que les llaman migrantes porque no tienen papeles, sin saber que les fueron arrancados a golpes durante su ingreso a México, ya sea por el crimen organizado o por quien se supone son los encargados de protegerlos. Si la suerte les acompaña la vida no se les  arranca del todo y pueden relatar lo que vivieron, pero muchas de las veces les quitan la vida y con ellas las esperanzas, y así, sin identidad, se van a una fosa común que de común sólo tiene la violencia e injusticia que ofrece un Estado mexicano (incapaz de ver por los desvalido) a los que yacen en ella. “Vayan en paz” dicen los hermanos, “Dios los espera, ellos ya llegaron, Jesús regresa al Padre para seguir velando por los que continuamos nuestro camino.”

Si algo me queda de esta experiencia es el seguir firme en este estilo de vida, la vida religiosa en la Compañía de Jesús. Queda mucho por hacer y seguro estoy que Jesús se seguirá encarnando y me saldrá al encuentro cuando menos lo espere; es por ello que lo aguardo con los sentidos atentos.
Mis navidades desde que ingresé a la Compañía de Jesús (6 años) han sido distintas, especiales, Antes era la añoranza de la familia, ahora es la de estar con el pueblo, con la gente sencilla, ahí donde el pavo y la soda saben a esperanza. Es la promesa de que nace un Jesús, un Dios con nosotros, y junto con él a caminar los más de 2,500 km que nos faltan cuesta arriba, rumbo al norte.

Agradezco al equipo del Albergue “De Canal Guadalupano” por la oportunidad de compartir su caminar de vida, y como dicen los hermanos migrantes: “Dios los siga bendiciendo en su misión.”

Gracias a la Compañía de Jesús, a la Provincia mexicana por formarnos en frontera y confiarnos tales misiones que nos sacan de nuestra comodidad. Como una vez me dijo un buen amigo jesuita: “el buen acero se hace a fuego y muchos golpes,”. Y así seguimos, en el camino, aguardando que el tren llegue  pitando y cargado de esperanza centroamericana; seguro estoy que nunca más volveré a escuchar el tren de la misma manera, porque una parte de mí, de mi corazón, quiere seguir ahí, en las vías, tal como lo habría hecho Jesús.
Joel E. Arellano Guillén, Sj.
Escolar jesuita de primera etapa.



[1] Jesuitas en formación estudiantes de filosofía.
[2] Prepósito General de la Compañía de Jesús de 1965 a 1983. 

ENJUVI 2011


Como cada dos años y en su cuarta edición, el Encuentro Juvenil Ignaciano (ENJUVI) dedicado a abordar problemas sociales de nuestra sociedad con una mirada cristiana, se celebró en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) de Guadalajara con el tema: Misión Esperanza – Proyecto Reconciliación, pretendiendo reflexionar y aportar sobre las realidades violentas que se viven en el país y atendiendo a la exhortación del Documento para la paz de la Conferencia del Episcopado Mexicano. En este 2011 se albergaron cerca de 700 jóvenes de toda la república, pertenecientes a grupos pastorales, sociales y educativos, vinculados con las obras de la Compañía de Jesús en México.

El programa del Encuentro fue muy completo. Contó con conferencias, actividades culturales, celebraciones eucarísticas, un festival de identidades, talleres y momentos de oración y reconciliación, entre otras.

Acompañado por sirenas de ambulancias, danza y percusiones en vivo, el ENJUVI comenzó con un performance que narró hechos violentos a través de algunos encabezados de noticias para llegar a la frase “hasta el silencio se rompe”, y dar paso a la pregunta, “y tú, ¿qué vas a hacer?” de la cual se siguieron motivos de esperanza e ideas para construir la paz como: recuperar los espacios públicos, dejar el miedo y tener la capacidad de perdonar.

Las celebraciones eucarísticas de apertura y cierre fueron presididas por autoridades eclesiales: Don Luis Morales, Obispo de Neza y Presidente de la dimensión de juventud de Comisión Episcopal Mexicana para la Familia, Juventud y Laicos y Don José Francisco González, Obispo auxiliar de Guadalajara. El primero, dio un mensaje en contra del miedo, además invitó a pensar antes de actuar y afirmó que el diálogo puede ser la forma más correcta de llegar a soluciones y acuerdos. También, agregó que la fe es la única que nos detiene de realizar acciones dañinas y que debemos de refugiarnos en ella siempre.

Enseguida de la celebración eucarística inicial, el micrófono pasó a manos del Rector del ITESO, el P. Juan Luis Orozco Hernández SJ, quien dio la bienvenida a todos los jóvenes asistentes y aclaró los principios de la formación jesuita: encontrar a Dios en todas las cosas, cuidar a la persona, mostrar el amor con hechos, formar una verdadera comunidad cristiana, comprometerse con el mundo, promover en todas las actividades un nivel de formación y preparación que busca dar el mayor servicio y trabajar en cooperación con otros centros jesuitas. Concluyó diciendo: “Deseo que este Cuarto Encuentro Juvenil Ignaciano sea una oportunidad más para que ustedes vivan estos principios a profundidad, para que su actuación se conforme más con la persona de Jesús, que nos invita a amar y servir a los demás de manera incondicional, y para buscar la reconciliación entre todos los que habitamos este país, tan necesitado de concordia y paz. Les reitero que son bienvenidos a esta su casa”.

Las conferencias magistrales fueron dictadas por el Dr. Alfonso Alfaro, Director de Investigación de la revista ARTES DE MÉXICO y el Dr. Luis Morfín López SJ. El primero se refirió a la historia de la violencia y los desequilibrios históricos en México y el segundo a la importancia de reconstruir el tejido social en nuestro país, tomando como referencia el país que imaginaron los jesuitas novohispanos.

Entre las actividades de este cuarto encuentro, estuvieron los talleres, que fueron divididos en tres secciones: Reconciliación con Dios, Reconciliación de unos con otros y Reconciliación con la creación. 22 talleres distintos desde dónde se reflexionaron la fe, la tecnología, el sentido comunitario, el liderazgo, entre otros temas, todo con una perspectiva de paz y perdón.

Entre las atracciones culturales, se realizó un “festival de identidades”, que consistió en la convivencia entre todos los participantes ya que es un encuentro nacional; además, hubo stands en los que cada Estado mostró lo más representativo de cada región, acompañado de música, vestimenta y comida típica que se colocaron en la cafetería central de la universidad. El evento cerró con una presentación en vivo de un grupo de migrantes purépechas que habitan en la ciudad de Guadalajara y conservan sus raíces a través de la danza.

En el último día del Encuentro prevaleció la oración. Se inició con una en clave indígena, coordinada por hermanos indígenas tzeltales y después todos los jóvenes participaron en una sesión de reconocimiento personal y colectivo del pecado, para una reconciliación verdaderamente posible. Tanto en la oración como en las eucaristías fue muy importante la ambientación musical para lograr una mayor disposición para escuchar al Espíritu.

Casi al término del Encuentro se dio lectura a algunas de las cartas enviadas a los jóvenes ignacianos de parte de Orlando Torres SJ, Consejero General Compañía de Jesús, Carlos Morfín Otero SJ, Provincial de la Compañía de Jesús en México y el P. Francisco de Roux, Provincial Colombia quien exhortó a los jóvenes a no tener miedo y recalcó: “si ustedes, muchachos y muchachas, son capaces de unirse en un propósito más allá de los partidos y de los grupos ilegales; de los militares, de las religiones y de las filosofías, un grupo sin protagonistas ni mesías, con el mero coraje de ser hombres y mujeres como reclama México, será posible que empiece a avanzar entre ustedes, con paso sin retorno, la paz humana”.

Cristóbal Fones, SJ , escribió:

Queridos jóvenes ignacianos que participan del ENJUVI 2011,

Con inmenso cariño les envío este saludo desde Chile. No hay fronteras ni confines para quienes aprendemos a mirar al ser humano desde el amor... Llegue hasta ustedes un abrazo fraterno y mis deseos de un tiempo compartido de grandes frutos.

Imaginarlos reunidos estos días es un verdadero signo de esperanza. Por los noticieros muchas veces se nos muestra únicamente el rostro desfigurado de nuestros pueblos: sus conflictos, sus violencias, sus miserias. Pero así como somos solidarios en la muerte, más aún lo somos en la vida. Y confiamos en que el amor vence en la cruz. El corazón bien dispuesto no puede ser aniquilado cuando se ofrece para la vida de muchos. Lo hemos aprendido de Jesús y por eso sólo en él ponemos la esperanza.

Que la reconciliación que sueñan para México se extienda también para toda nuestra América Latina y que sus vidas formen un solo canto que nos anime a vivir como hermanos y hermanas desde ahora y para siempre. Con ustedes, esta mañana miro a los ojos, abrazo una espalda, doy mi palabra; escojo la vida.

Con Cristo en el corazón del mundo

Por grupos de trabajo, los jóvenes dialogaron sobre las propuestas para colaborar en la construcción de la paz en su país y Finalmente, se leyó la Declaración del Encuentro:

DECLARACIÓN DEL CUARTO ENCUENTRO NACIONAL JUVENIL IGNACIANO

Reconocemos al finalizar este IV ENJUVI, MISION ESPERANZA, PROYECTO RECONCILIACIÓN, que la violencia que vive actualmente nuestro país, tiene historia. Es el resultado de un proceso de destrucción de los mecanismos de cohesión social, donde todos tenemos cierta responsabilidad.

La violencia se expresa principalmente en el crimen organizado pero también tiene muchas manifestaciones culturales diarias.

Ante las imágenes de violencia que saturan nuestros ojos todos los días, los jóvenes cristianos, nos sentimos invitados a contemplar a Dios, que mira al mundo con ojos de misericordia y decide hacer redención de los suyos.

Reconocemos al verdadero Dios, al Dios de Jesús, y de él recibimos un horizonte desde el cual mirar nuestras relaciones con los otros y la creación, porque sin un Dios cariñoso y lleno de misericordia no hay perdón ni reconciliación. Mucho menos, felicidad.

Nos preguntamos: ¿Qué hacer para que se note que somos hijos de Dios? Y contestamos que requerimos un corazón de carne que nos haga actuar como hermanos. Si no reconocemos en el migrante a nuestro hermano, no reconocemos a Dios como padre; si el asesino no es nuestro hermano, tampoco reconocemos a Dios como Padre. Esto que parece una locura, pero en ello consiste ser cristiano.

Nos sentimos llamados a tomar postura ante la situación que vive el país. No queremos acomodarnos a la lógica del éxito, el consumo y el arrebato. Queremos construir una vivencia sencilla y comunitaria, en que la apertura y la empatía sean valores primordiales. Creemos que solamente al lado de Jesús, siendo sus compañeros y amigos, podemos hacer el cambio y establecer la paz y la justicia. Nuestras acciones serán pequeñas, pero constantes; sencillas pero comunitarias, ya no individuales. Estamos de pie y luchando para que el camino sea amplio, queremos que todos quepan.

Vamos al encuentro de nuestros ancianos y nuestros pueblos originarios; su sabiduría e intuición tiene mucho por decirnos.

Vamos a hacer un buen uso de los medios. Usaremos las redes sociales como canales transmisores de la Buena Nueva de Jesús de Nazaret.

Vamos a hacer a un lado el miedo; la creatividad será nuestra arma, la justicia nuestro fin.

Concretamente, nos comprometernos a participar en proyectos sustentables que propicien el desarrollo de una nueva economía solidaria mediante el comercio justo.

Es momento de crear puentes de unión comunitaria, de participar en una vida política distinta que busque el bien común y se libere del interés de unos cuantos. Es tiempo de diálogos verdaderos y críticos que promuevan una honesta reconciliación.

Nuestra vitalidad se refuerza en Cristo, y ésta, es nuestra mayor fortaleza. No vamos a perder el ánimo y la fiesta, vamos a construir terrenos de esperanza, vamos a hacer presente el Reino de Dios.

Dios nos ha dado el mundo, somos responsables de él. México es nuestro y por ello queremos caminar libres en nuestros pueblos y ciudades, vamos a invitar al otro y a la otra a sumarse a nuestro proyecto. Vamos a construir la paz y la esperanza con un proyecto de reconciliación, sin perder la memoria, y con la práctica del perdón.

Las y los jóvenes ignacianos nos comprometemos con México. Con MAS FE Y JUSTICIA, tendremos un México en paz.

En el ITESO, Universidad Jesuita en Guadalajara.

26 de Junio del 2011.

Por Resu Rodríguez del Centro Universitario Ignaciano ITESO

Carta de religiosos de México

Tlalnepantla, 1º de mayo de 2011

Los Superiores Mayores de religiosas y religiosos de México reunidos en su 46ª Asamblea Nacional, bajo el lema «Escuchemos a Dios donde la vida clama», preocupados por la situación que vive nuestro país, nos dirigimos al Pueblo de México.


Constatamos que, a la desigualdad e injusticia históricamente arraigadas en nuestro país, se ha sumado en estos últimos años una escalada de violencia que alcanza ya 40,000 muertos, con los consecuentes efectos en las familias, comunidades y en la nación entera.


Denunciamos la cultura de ilegalidad que lleva a la sistemática violación de la dignidad humana, de la vida y de la paz, todo esto agravado por la corrupción e impunidad que imperan en nuestro país. Con esto queremos decir: basta ya de tanta violencia y crueldad vengan de donde vengan, basta ya de tanta sangre derramada, basta ya de corrupción e impunidad.


Como Vida religiosa, optamos por la no violencia. Nos comprometemos a vencer nuestros miedos, a salir de nuestras indiferencias, a romper nuestros silencios, a avivar nuestra fe y a fortalecer nuestra esperanza, para ser, junto con nuestro pueblo, constructores de vida digna, de justicia y de paz.
Las religiosas y religiosos de México nos solidarizamos con las víctimas de toda esta violencia, compartimos su dolor y queremos brindarles consuelo. Nos unimos al movimiento ciudadano que se está gestando en nuestra sociedad, para detener esta espiral de violencia, abrir caminos de reconciliación y buscar alternativas de vida.


Exigimos al Poder Legislativo que escuche a la sociedad y apruebe una ley de seguridad que verdaderamente garantice el respeto a la dignidad de las personas y una ley laboral que garantice los derechos de los trabajadores. Exigimos al Poder Ejecutivo una profunda revisión de las políticas que está implementando ante el problema del narcotráfico y crimen organizado. Exigimos al Poder Judicial una lucha contra la corrupción, una aplicación justa de la ley que respete los derechos humanos y cuide a los inocentes.

Nos unimos a quienes están reclamando la participación activa y vigilante de la ciudadanía, como el principal medio para crear caminos de futuro y esperanza para nuestro querido México.


El testimonio de Javier Sicilia –quien estuvo presente en un momento de nuestra Asamblea– nos motiva a unirnos a este movimiento ciudadano que busca detener la violencia y reclamar un clima de paz para el país. Como Conferencia de Superiores Mayores de Religiosos de México invitamos a los miembros de la Iglesia católica y de las demás comunidades cristianas, en particular a los integrantes de nuestras congregaciones, a participar, dondequiera que estemos, en la marcha silenciosa que culmina el 8 de mayo en la Ciudad de México.


[1] Conferencia de Superiores Mayores de Religiosos de México, A.R.


Por la Asamblea Nacional de la CIRM:
Silvia Conde, SA y Fernando Torre, MSpS
Presidentes


Constructores de paz en un México Violento


Estimados miembros de la Red Juvenil Ignaciana. Les compartimos nuestra experiencia del evento: “Ser constructores de paz en un México violento. El legado de los jesuitas”.

El pasado día de muertos realizamos un recorrido por la Paz el campus del Iteso, la Universidad jesuita de Guadalajara, en el que hicimos memoria de todos los defensores y defensoras de derechos humanos que han dado, y siguen dando sus vidas para que otros tengan Vida. Hicimos homenaje explícito de los jesuitas expulsados hace casi trescientos años. La semana anterior se había llevado a cabo el Foro de Derechos Humanos del Sistema Universitario Jesuita (SUJ), en el que reconocieron la labor de organizaciones como “Indignación” (que se llevó el reconocimiento Tata Vasco) y el “Frente amplio de Sinaloa”.

El inicio del recorrido fue al costado de la cafetería Pedro Arrupe. Allí mi patroncito (equipo de occidente), el padre Salvador Eduardo, dio un breve discurso de bienvenida. Posteriormente encendimos todas las velas. (Nos adelantamos pero valió la pena…). Éramos alrededor de cuarenta personas. Seguimos básicamente la metodología propuesta por el programa que nos mandaron de México. Si acaso quitamos algo de texto de algunas estaciones.

La segunda estación se tuvo que mover de último momento porque hubo una función de cine al aire libre en la Plaza de los Cincuenta años donde iba a ser originalmente. En esta estación recordamos la labor de la Compañía de Jesús a favor de diferentes pueblos indígenas de México. Allí dos voluntarios se ofrecieron para cargar los símbolos previstos por el plan. Uno tomó un cuadro con la foto de un hermano tarahumara y otro la imagen de la Virgen de Guadalupe.

Llegamos a la tercera estación, junto a la estatua de San Ignacio, que está frente a la Biblioteca. Entonces hicimos recuerdo de los jesuitas expulsados. En cada estación había carteles y material de las diferentes obras de le Compañía que trabajan a favor de los derechos humanos. Sobre todo había carteles y posters del sector social, tales como el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro (PRODH), Fomento Cultural y Educativo (Sierra Chiapas, Sierra Veracruz, Radio Voz de los campesinos, etc), La Ciudad de los Niños del Padre Cuellar (Gdl). Por supuesto que también pusimos información de la Red juvenil Ignaciana y de Campamentos.

Yo me sentí muy contento por la participación de la mayoría de los escolares jesuitas de Guadalajara y de algunos miembros de la comunidad universitaria. Nos acompañaron también algunos alumnos, maestros y hasta los papas de uno de mis compañeros ensotanados.

La cuarta estación, fue en el lugar más oscuro de todos, como oscura fue la noche y madrugada del 2 de abril de 1767 en que llegaran los soldados españoles a las comunidades jesuitas para conducirlos al exilio. Es impresionante saber que sólo tres de los 678 que fueron expulsados volvieron a pisar el suelo mexicano cuarenta años después.

Fue conmovedor ver avanzar el contingente, encabezado por dos antorchas, en el que caminaban los jesuitas expulsados con su sotana negra, su breviario y su cruz de votos en las manos. Estoy muy agradecido por la ayuda de estos hermanos que se animaron a ponerse las sotanas. De los ocho que llevaban sotana creo que solo tres eran jesuitas, los demás eran laicos.

Esto me parece un signo de los tiempos. Los laicos son muy importantes para que la Iglesia siga anunciando el Reino de Dios. También estoy agradecido con el padre Miguel Quintanilla quien nos consiguió las sotanas con los religiosos oblatos que fueron quienes nos las prestaron. Fui testigo de las miradas de admiración de los alumnos que se caminaban por los pasillos en el receso para cambio de salón.

Llegamos a la última estación en la que un grupo de universitarios de varias carreras puso un enorme altar de muertos con sus rasgos tradicionales. Allí estaba la foto de Arturo Lavin, hermano itesiano asesinado hace unos meses en Hidalgo mientras realizaba su proyecto de aplicación profesional. Leímos también los nombres de muchas de las víctimas recientes de Juárez, Torreón, Monterrey, etc. Lo que más me conmovió fue escuchar las edades de la mayoría. 13, 15, 16 años.

Siento que fue una muy buena experiencia y quiero agradecer el apoyo de Resu, Cristina, Caro, Dany, Jaime y Carlos del Centro Universitario Ignaciano (CUI), fundamental en la planeación y organización del evento. Caro y Dany nos ayudaron muchísimo como diseñadoras para los carteles y unas postales. Alex Rodríguez se la rifó ayudándome a montar las estaciones. Les damos las gracias a todos los del CUI por sus sugerencias, retroalimentación y apoyo en general.

Eduardo Anaya SJ

Documento alumnos de ITESO sobre seguridad y violencia

Tlaquepaque, Jalisco, 20 de octubre de 2010

Documento final del Pre-foro estudiantil sobre seguridad y violencia

Este documento tiene su origen en la reunión de alrededor de 400 estudiantes del ITESO, congregados por la necesidad y la voluntad de compartir nuestro sentir y pensar ante las violencias que se viven actualmente en el país, recrudecidas y visibilizadas recientemente como pocas veces en la historia nacional. Coincidimos los ahí presentes en asumirnuestra corresponsabilidad en la contención o crecimiento de las situaciones violentas y, a partir de esto, imaginamos y creamos posibilidades concretasde acciones específicas para lograr la superación integral de estos procesos, todo desde nuestro lugar como universitarios.

Fuimos muchos quienes participamos.Probablemente 350 ó 400. Si una sola persona, sensible, comprometida y activa, es motivo de esperanza, imaginemos lo que representan 400. Aun así, esto no es lo verdaderamente relevante. Relevante es que nos agrupamos por mesas, dialogamos en forma horizontal y dimos enriquecedora cabida a las perspectivas de todos los presentes. Relevante es que rompimos esquemas donde sólo uno o dos son quienes importan, o sólo uno o dos son los culpables. Relevante es que queremos trabajar por un México en auténtica paz –esa que sólo aflora acompañada de la justicia, la libertad y la solidaridad. Relevante es que estamos aquí y que no nos vamos a ir.

El foro estuvo compuesto por dos bloques: a) cómo nos sentimos ante aquello que vivimos, ante el modo en que las violencias trastocan, cercenan o clausuran los proyectos individuales, familiares, grupales, comunitarios y nacionales; b) en qué modo nos asumimos corresponsables de las violencias de nuestro presente, reconociendo la manera en que nuestros actos siempre tienen consecuencias, positivas o negativas, en el tejido social; y, a partir de esto, pensar en mecanismos concretos, en acciones específicas, grandes y pequeñas, públicas y privadas, individuales y colectivas, no sólo para integrarlas al debate público, sino para asumirlas como bandera y convertirlas en nuestra aportación a esta apuesta de millones por trascender las violencias que nos asolan y paralizan.

Cómo nos sentimos, cómo quedamos ante esto que vivimos

Las violencias, en sus diversas formas y tipos, antes de pensarse o de criticarse, se sienten. Las violencias se sienten.

Nos queda claro que, lo explicitemos o no, las violencias nos rodean y amenazan permanentemente con secuestrar nuestra vida social. Los estudiantes del ITESO reunidos, denunciamos haber sufrido robos, secuestros, violaciones, asesinatos, acosos, pleitos, explosiones de bomba, hostigamientos, vejaciones, amenazas, toques de queda, entre otras muchas violencias manifiestas. Este “sufrir” se ha dado tanto en carne propia comoen las existencias de seres queridos, o bien en la vida de miembros de las comunidades a las que pertenecemos.Asimismo, nos declaramos indignados ante violencias más sutiles, casi imperceptibles, tales como las experimentadas en obras públicas antidemocráticas, dinámicas familiares vejantes y fenómenos de violencia estructural institucionalizada. Alertamos el riesgo de que las violencias que vive el país se normalicen y se revelen como parte inherente a nuestra vida social. Estaremos aquí para poner en claro el carácter deshumanizante de toda violencia y para impedir a toda costa su asimilación en nuestras comunidades.

Tenemos miedo. No nos cuesta reconocer que el miedo nos embarga y se modaliza en otros muchos sentimientos: desconfianza no sólo ante quienes cometen los delitos sino también ante las autoridades y, más gravemente, ante nuestros conciudadanos, que llegan a aparecer más como amenaza que como compañeros de proyecto social; se modaliza tambiénen la limitación o llana clausura de posibilidades de libertad, de comunicación, de solidaridad y de encuentro. Estamos desesperados por la frustración y frustrados por la desesperación. Nos declaramos, aquí y ahora, impotentes ante la preocupación y preocupados ante la impotencia.

Nos duele haber estado fuertemente condicionados a cambiar nuestros modos de estar en el mundo. Hemos modificado decisiones de residencia, de viaje, de prioridades, de traslado al interior de las ciudades, de fiestas, de diversiones, de estudios, de gasto, de relaciones sociales y, en suma, de vida.

Frente a esto,en tensión permanente con lo anterior, están los sentimientos que lanzan a fomentar la armonía social en arreglos colectivos que permitan la vida digna para todos. Queremos concientizarnos cada vez más sobre lo que pasa en el país y abrir nuestra sensibilidad ante ello. En ocasiones nos falta claridad respecto a qué hacer. No somos expertos y lo reconocemos de entrada. Sin embargo, sabemos que tenemosuna cosa concreta, algo fundamental: sentimos una solidaridad con las víctimas y a partir de aquí deseamos activarnos en contra de la violencia, pero sobre todo en favor de la paz, con esperanza resuelta, decisión firme y trabajo constante.

Cómo somos corresponsables y a qué nos comprometemos.

La responsabilidad de cuanto pasa, al tiempo que es de todos, corre el riesgo de ser pensada como si fuera de nadie. Los participantes de este foro nos asumimos corresponsables en la construcción social de las violencias. La falta de amabilidad en las calles, la agresividad en el tráfico, la falta de respeto a los ancianos, el denuesto a los menores, la descalificación del otro y la discriminación del diferente, son sólo algunas de las formas que adquiere la violencia que todos, paradójicamente, padecemos y fomentamos, sufrimos y provocamos. Violencia genera violencia. Cada violencia que permitimos, es violencia que hace nacer otra violencia. La buena noticia es que con la paz ocurre lo mismo: la paz trae paz, la paz genera paz.

No sólo no nos desmarcamos de la generación de las violencias, sino que asumimos con responsabilidad y entereza el compromiso que tenemos de revertir estas situaciones. El revertirlas debe partir de analizar nuestras visiones y prácticas, pretendiendo detectar en ellas cómo somos violentos en los espacios de la cotidianidad, aun cuando no nos demos cuenta o pretendamos negarlo.

Debemos tomar actitudes positivas ante la vida, tanto ante la propia como ante la de los demás. Aun más, debemos reconocer que nuestra vida es la de los demás y la de los demás es nuestra vida, y relacionarnos con esto claramente presente. Debemos encontrarnos y ocuparnos de la vida pública, entendida como lo que pasa en la política pero también como el espacio que es común a todos. Un Manual de ciudadanía, por ejemplo, podría auxiliar en esta relevante tarea.

No podemos eludir nuestra responsabilidad como actores en un sistema económico: lo que producimos y cómo lo producimos, y lo que consumimos y cómo lo consumimos, impactan en vidas concretas, potenciándolas o humillándolas. En este marco, están los afectados por el sistema económico: el obrero al que le pagamos poco, el pobre al que alejamos, el campesino al que explotamos.

Los universitarios tenemos una tarea particularmente relevante para combatir las violencias. Los participantes en este foro, con objeto de marcarle un alto a la violencia que amenaza con dominarnos hegemónicamente, nos comprometemos a usar nuestras redes universitarias a nivel nacional, aprovecharformas alternativas de difusión, informarnos, criticar a los medios que hacen de la violencia un negocio y nada más, luchar contra la corrupción después de comprender sus sutiles mecanismos, no ser complacientes con el consumo de drogas manchadas por violencias de toda clase, conocer a quienes participan en nuestros entornos cercanos,pensar en soluciones complejas que vean integralmente al mundo. Ante todo, queremos incluir en nuestras propuestas y acciones a todas las personas directa o indirectamente involucradas.Trabajaremos en microacciones con macroagregación para lograr megaefectos.

Participantes del Pre-foro estudiantil sobre seguridad y violencia

La verdadera Adoración

Nov 03, 2010

¿Cómo podríamos atribuirnos algo a nosotros mismos? Nuestra capacidad nos viene de Dios 2 Cor.3, 5. La vida es una lucha, pero la mayoría de la gente no se da cuenta que nuestra lucha, al igual que la de Jacob, ¡realmente es una lucha con Dios! Queremos ser Dios, y no hay manera de que vayamos a ganar esta lucha, pero de todos modos seguimos intentándolo. Juan Pablo II dijo: “La razón por la que muchos siguen preocupados, siguen todavía buscando, siguen todavía teniendo progresos pequeños, es porque no han renunciado a sí mismos. Seguimos tratando de dar órdenes e interfiriendo con el trabajo de Dios en nosotros.”

No somos Dios, y nunca lo seremos. Somos seres humanos, y las veces que tratamos de ser Dios, son las veces que terminamos más como Satanás, que también trató de ser como Dios. Aceptamos nuestra humanidad intelectualmente, pero no emocionalmente. Aceptamos la idea a nivel mental, pero cuando nos enfrentamos a nuestras propias limitaciones, reaccionamos con irritación, enojo y resentimiento. Queremos ser más altos (o mas chaparros), más listos, mas fuertes, más talentosos, más guapos y adinerados. Queremos tenerlo todo y hacerlo todo, y nos enojamos cuando no sucede así. Entonces, cuando nos damos cuenta de que Dios les ha dado a otros, características que nosotros no tenemos, respondemos con envidia, con celos y autocompasión.

Lo que significa rendirse Rendirse a Dios no es una resignación pasiva, fatalismo o una excusa para la flojera. No es aceptar el status quo. Puede significar exactamente lo contrario: sacrificar tu vida en la resistencia contra el mal y la injusticia, o sufrir para cambiar lo que tiene que ser cambiado. Dios llama a menudo a gente que se ha rendido, para que pelee en Su Nombre, en el campo de batalla. No lo hace con los cobardes o los que se ponen de tapete. Rendirse no es poner tu cerebro en neutral y renunciar al pensamiento racional. ¡Dios no desperdiciaría la mente que te dio! Dios no quiere robots que lo sirvan. Rendirse no es reprimir tu personalidad. Dios quiere utilizar tu personalidad que es única. Más allá de disminuirte, el rendirte realza tu ser único.

C. S. Lewis observó que “Mientras más dejamos a Dios tomar posesión, mas nos convertimos verdaderamente en nosotros mismos – porque Él nos hizo. Él inventó a las distintas personas que tú y yo estamos destinados a ser. Es cuando me vuelvo hacia Cristo, cuando me entrego a su personalidad, cuando puedo empezar a tener una personalidad real de mi propiedad.

Fuente: ADOREMUS, www.adoremus.com.mx

BIENAVENTURANZAS DE LA MADRE

Felices las madres que pueden festejar este día con su familia unida... y felices también aquellas que a pesar de la desunión no dejaron de ser madres.

Felices las madres viudas que volcaron todo su amor en la crianza de sus hijos.

Felices las madres solteras que prefirieron la vida de su hijo antes que su propia fama.

Felices las madres adoptivas que, dieron su corazón a aquellos a quienes no podían dar su sangre.

Felices las madres que se animaron a recibir ese hijo nuevo que no esperaban, porque ya eran demasiados en casa, Dios premia la generosidad de los que confían en EL.

Felices las madres que perdieron un hijo, porque parte de su alma ya las espera en el cielo.

Felices las madres que perdonan el desamor y el olvido de sus hijos.

Felices las madres que esperan el regreso del hijo descarriado; sus lagrimas son el faro que los traerá de vuelta.

Felices las madres que saben educar en la libertad a sus hijos y no quieren retenerlos a sus lado para siempre, ellas son las que verdaderamente dan a luz un hijo.

Felices las madres que a pesar de la droga, el alcohol, o la prostitución, nunca dejaron de ser madres

Felices las madres que tuvieron que arremangarse para criar a sus hijos, porque con su sudor demostraron la fuerza de su amor.

Felices las madres espirituales y las madres vírgenes, que engendraron en la fe a tantos hijos para la iglesia. Dios las recompensara con el ciento por uno.

Felices las madres que eligieron y aceptaron el geriátrico, antes que ser para sus hijos una carga demasiado pesada. Felices las abuelas, las tías y las hermanas que hicieron de madres aunque no estuviesen obligadas.

Feliz la mujer que no se guarda para si misma, sino que cumple su vocación con la entrega y el cariño para los demás.

Feliz la mujer que postergo otra profesión para ser solamente MADRE, porque así cumple con su vocación mas profunda.

Felices las madres que se durmieron en el Señor, porque ellas también nos están preparando un lugar en el cielo.

Puentes, no muros... Felicidad!

Ayer ya sabes que fue un día importante para la reciente historia de la humanidad: se conmemoraron los 20 años de un acontecimiento que cambió la faz del mundo: la caída o el derrumbe del muro de Berlín, símbolo de la posguerra mundial y de la Guerra Fría, y expresión acabada del sistema despótico que era sin duda el régimen comunista soviético y su órbita de países europeos. Yo viví aquel momento con emoción, sabiendo que asistía a uno de esos instantes únicos e históricos. Allí venció las ansias de libertad del ser humano frente a todo intento de acallarla por la fuerza de las armas. Y no hay que olvidar que la caída del muro de Berlín fue promovida unos años antes por el fallecido papa Juan Pablo II (inolvidable la primera visita a su Polonia natal, con millones de personas en las calles gritando “libertad”) y el sindicato polaco cristiano Solidaridad, además de otros agentes políticos y sociales.

Desgraciadamente, los muros no han desaparecido de nuestro mundo. Ahí está el muro de la vergüenza entre Israel y los palestinos, las vallas de norte de África y de Estados Unidos con México para impedir el paso de los inmigrantes, y todos esos muros que deberían indignarnos y sublevarnos como lo hicieron los alemanes: los grandes muros del hambre, de la desigualdad, de la discriminación, de las guerras, de los refugiados, de la violencia, del odio. Muros que edificamos primero en el corazón y que traspasamos a las familias, a las escuelas, a la sociedad. Muros que deben ser sustituidos, como dijo el papa Benedicto XVI, por puentes de reconciliación, justicia y paz. Puentes que sólo pueden ser edificados sobre la verdad, como acaba de reconocer el Gobierno del Salvador al responsabilizar al Estado como instigador de la muerte martirial del querido y aclamado ya como santo Monseñor Romero. Verdad y compromiso social que intentaron vivir en sus vidas dos grandes personajes mundiales que acaban de fallecer: el escritor español y premio Cervantes 1991 Francisco Ayala, a los 103 años, y el famoso filósofo estructuralista belga Claude Lévi-Strauss, a los 101 años de edad. Ambos intentaron dejar el mundo mejor de lo que lo encontraron, buscando el sentido de la vida, a través de diferentes caminos, pero siempre con una gran humanidad y una sincera búsqueda de la verdad.

Aunque no fueran muy religiosos explícitamente, dejaron un legado de honestidad y de servicio al bien común, invitándonos a intentar vivir como si la vida tuviera sentido, poniendo orden en este caos que es la existencia, como decía Lévi-Strauss. Porque al fin de cuentas es el amor que nos tenemos lo que da sentido a todo lo que vivimos y por lo que vivimos.

Y es que hay mucho bien en el mundo y mucha gente que se mueve para mejorarlo. Me ha llamado la atención la existencia de una organización llamada “Lo que de verdad importa”, y que trata de promover valores humanos entre los jóvenes a través de encuentros donde dan testimonio personas que son ejemplo de coraje, superación, esfuerzo y bondad humanos. Me impresionó lo que decía la modelo y actriz estadounidense Sharon Blynn, que padeció un cáncer de ovarios a los 20 años y, que tras superar la enfermedad, comenzó a ayudar a otras mujeres popularizando un símbolo: su calva. Dice ella: “Mi enfermedad me ha dado una energía renovada, pasión y una perspectiva de vida. He dado prioridad a un estilo de vida saludable mental, corporal y espiritualmente. He aprendido a amar, a cultivar mi vida día a día y a perseguir mis metas disfrutando cada momento”.

Una invitación a que tú y yo intentemos esta semana vivir desde esta pasión por amar y entregar lo mejor de nosotros mismos, a pesar de las dificultades y problemas que la existencia diaria nos depare. No dejes de luchar por tus ideales ni de perseguir tus sueños, sublevándote contra toda discriminación y marginación, tendiendo puentes de paz y perdón, acogiendo con una sonrisa a quien se te acerque cada día, en especial aquellos que más sufren y más te necesitan, abriendo tu mano solidaria al pobre, ofreciendo tu hombro de consuelo al que está solo, triste o desesperanzado. No te contagies del pesimismo, pronuncia palabras de ilusión y optimismo, riega tu vida y la vida de los demás con el agua refrescante de tu alegría, y no te enzarces en discusiones que enfrentan, sino en actos que construyen puentes de fraternidad, respetando las opiniones diferentes, y defendiendo siempre la verdad buscada entre todos. Sé persona de consenso y de diálogo, y une tus fuerzas a todos los que trabajan por la paz. Huye de lo grandilocuente y aparatoso, busca lo sencillo y a los sencillos, porque en ellos encontrarás la mayor sabiduría y la segura felicidad de vivir. Te envío también un adjunto que es un cuento sobre cómo podemos encontrar a Dios en las cosas y en las personas más sencillas, y una decálogo de la alegría que deseo te ayude disfrutar más de la vida, sembrando alegría a tu alrededor.

DECÁLOGO DE LA ALEGRÍA

1. La alegría pedirás a Dios cada mañana.

2. Calma y sonrisa mostrarás incluso cuando estés disgustado.

3. En tu corazón volverás a decir: Dios que me ama está siempre a mi lado.

4. Siempre verás el lado bueno de los demás.

5. La tristeza la echarás fuera de ti.

6. Evitarás quejas y críticas, porque no hay nada más deprimente que eso.

7. A tu trabajo cotidiano te dedicarás con un ánimo alegre y decidido.

8. A los nuevos y visitantes siempre acogerás con cariño.

9. Pensarás siempre en positivo.

10. Repartiendo alegría a los demás, siempre te sentirás bien contigo mismo.