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Experiencia de misionero en Zongolica, Veracruz

Experiencia de misiones en Zongolica, Veracruz. Invierno 2010

Contexto: Parroquia de San José de la Montaña en Temaxcalapa, perteneciente a la Diócesis de Orizaba, Veracruz. Es el segundo año que van jóvenes que comparten la espiritualidad ignaciana acompañados de jesuitas.

Rostros curtidos por el sol, niños y ancianos con los pies descalzos. Una capilla con piso de tierra y maderas, como la de Acteal donde fueran acribillados nuestros hermanos en 1997.

Los ministros Balbina y Delfino, fueron las primeras personas que salieron a mi encuentro con hermanos de ésta Iglesia autóctona. De pronto me encontré caminando tras ellos hacia “Terrero” y pude vislumbrar lo que sentiría Juan Diego camino de Tlatelolco. Tuve mi Tepeyac por algunos minutos. La diferencia es que en vez de huizaches y nopaleras, acá contemplé las matas de café, naranja, lima, mango, aguacate, plátano, guayaba, etc.

Miradas de admiración al ver a un barbón con facha de extranjero. Saludando, agradecí la oportunidad de estar ahí con ellos. No se si me entendieron todo lo que dije. Pero les hablé de Juan Diego, luego me salté el rito de la paz, del Padre Nuestro me fui directo al de la Comunión. Al final Balbina, la ministra, me lo hizo saber fraternalmente.

En estas misiones, mis primeras en comunidades indígenas, al principio sentí mucha incertidumbre, ¿Cómo me comunicaría con ellos?. Después confirmé que la lengua no fue una barrera. Nos recibieron y nos comportamos como verdaderos hermanos, comiendo en la misma mesa, compartiendo los alimentos, las alegrías, los dolores…

Me alegré con la neblina, las montañas y el agua siempre corriendo. Había vida por todas partes. Pude sentirme como una hormiguita avanzando lentamente en las angostas veredas-precipicio como las de “El Señor de los anillos”.

El tiempo no existe… parece que no pasa. Sin embargo, los hombres y las mujeres trabajan en el campo, salen muy temprano de sus casas de madera. Van por leña, la traen a cuestas hasta sus casas. No todos tienen mulas. De la misma forma acarrean el agua. El primer día visitando casas nos encontramos con una mujer cosechando ejotes, otra cosechaba las vainas de frijoles negros. Un hombre cortaba flores amarillas, quizá para el altar de su casa. Prácticamente todas las casas que visitamos tenían un altar en algún lugar, con imágenes, estampas, y hasta estatuillas de la Virgen de Juquila, de la de Guadalupe, de Santiago Apóstol, de Rafael Guisar y Valencia, de otros santos.

LOS FRUTOS…

Cómo olvidar aquella cruz de piedra entronizada un 23 de noviembre, en la fiesta del padre Pro, donde la primera vez que fui a Tecpanticpac descansamos el cuerpo y el espíritu. Y donde al regresar con mi equipo, tras los días de “posadas extremas”, hicimos un alto para hacer oración y recoger todos los valiosos frutos de la experiencia.

Aprendí a ver con más profundidad a los niños, a ser hermano en las casitas de madera con piso de tierra, a contemplar agradecido la naturaleza, a confiar en la creatividad y la iniciativa de mis hermanos misioneros, a agradecer por las ancianas que todos los días caminaban descalzas a las posadas, entre el barro y el frío.

Los hermanos indígenas de la sierra de Zongolica me enseñan que he de darme tiempo para escuchar al corazón. Me confirman que para ser feliz no hace falta tener, sino ser y disfrutar la vida. Contemplándolos en sus labores confirmé también que la mejor manera de entregar la vida es el servicio y el trabajo por los demás. De su sencillez brota una gran fuerza, una fe profunda que los hace enfrentar sus penas y sus dolores, que los lleva a vivir sin temor, luchando por tener el pan de cada día para sus familias. Nos enseñan que en medio de las calamidades de la pobreza hay esperanza, que somos más felices si vivimos con simplicidad.

Lentamente fui entrando en sintonía con la comunidad Náhuatl intentando dejarme llevar por el Espíritu. Confiar en Dios y en mis hermanos hizo que me quedara con el corazón inflamado de Consolación. Dios me concedió una alegría profunda y la gracia de la confirmación de mi vocación como jesuita. Consolado, contento y cansado.

Rostros concretos.

Una de las vivencias que más me impactó fue el encuentro con una anciana que vivía sola. Al principio no nos quería recibir, pero nuestro guía, Pascual, algo le dijo en Náhuatl, que hizo que abriera la puerta. La vi y sentí compasión por ella. Había perdido un ojo por una catarata, y el otro ojo ya lo tenía enfermo. Entonces hicimos una oración por ella en el quicio de la entrada de su cabaña, unos sentados, otros hincados. Por un momento puse mi mano sobre su cabeza y cuando la retiré pude ver las lágrimas en sus ojos. Dios nos hizo sentir su Amor, yo me sentí su instrumento.

La noche del 21 de diciembre nos reunimos los misioneros en la Parroquia y compartimos nuestra experiencia de misiones. Algunas de las frases, sentimientos e ideas que escuché de la boca de los misioneros, y me conmovieron más son las siguientes:

“Los niños y las mujeres cargan con garrafones de 20 litros, van a los nacimientos de agua. Me hizo valorar que en la ciudad, en nuestras casas, solo tenemos que abrir la llave y tenemos agua para bañarnos, para lavar ropa o trastes”.

“Esperaban que comiéramos nosotros primero, y ya después si sobraba algo, comían ellos. Nos daban todo lo que tenían”

“El regalo mas valioso lo encuentras en lo más sencillo: la alegría de un niño por tener un dibujo en sus manos”

“Los indígenas náhuatl son muy trabajadores. Pero les pagan muy poco por su trabajo, siento impotencia, coraje… (lágrimas)…”

“El Reino se construye desde lo pequeñito: compartir y agradecer por los alimentos, como Jesús lo hacía”

“Un niño me dijo: >Tengo un sueño: estudiar una carrera. Pero sé que nunca lo haré porque mi papa no tiene dinero<”

“Saber que las cosas no están completamente en nuestras manos… tienen mucha fe y esperanza, y no esperan milagros…”

“Una ancianita coloreando me inspiró la imagen de la ternura de Dios en nuestras vidas”.

“El padre les regalo pintura. Inmediatamente se pusieron a pintar la capilla y como no tenían brochas, pintaban con trapos amarrados a un palo. Algunos dejaron su trabajo y su familia para pintar la capillita, dejan lo que más quieren por la Iglesia, por Dios…”


Al final, el Padre Román nos dijo: “Ustedes ya conocen a qué sabe el pan de los pobres. Han experimentado a qué sabe ser alimentado por los pobres…” y todavía con lagrimas en los ojos sentí que una Paz profunda invadió mi espíritu. Me encontré rebosando de agradecimiento a Jesús, mi hermano…

Discípulos de Emaús

Los discípulos de Emaús “contaron lo que les había sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan” (Lc 24, 35).
Nosotros, discípulos «Emaús 2009» queremos contar lo que nos ha sucedido en esta Pascua Misionera y cómo lo hemos reconocido al compartir el Pan de Vida.

Reconocim
os primero que nos llamó a congregar a los hermanos y hermanas que quisieran participar de este Pan. Como Equipos Misioneros nos preparamos renovando nuestro compromiso misionero. Recordamos las palabras de Jesús, cuando dice: “… vayan, y hagan discípulos entre todos los pueblos… y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he mandado…”. Le respondimos diciendo: “Creemos que Dios en Cristo nos llamó para esta misión”.
Luego nos congregamos por Zonas, para gustar y saborear los temas del Pan de la Palabra, que íbamos a compartir. ¡Fuimos alrededor de 600 discípulos! Le pedimos que como “Discípulos y misioneros tuyos, queremos remar mar adentro, para que nuestros pueblos tengan en Ti vida abundante, y con solidaridad construyan la fraternidad y la paz.
Señor Jesús, ¡Ven y envíanos!”
Creemos que Jesús mismo nos “fue explicando las Escrituras, mientras íbamos de camino”. Nos reveló que Dios creador de la Vida ha escrito su primer libro en todo lo que existe y que no ha abandonado su voluntad de llenar de vida toda la tierra. Su Palabra nos fue abriendo el entendimiento de que Él sigue trabajando, dando vida, comunicándosenos en todo lo creado. Que ahí lo podemos encontrar como el Dador de la Vida.
Que lo podemos encortar al saborear su palabra como un goteo que vamos gustando y que hace arder nuestro corazón y nos invita encontrarlo como José y María en medio de las dificultades del matrimonio, si sabemos dialogar como ellos y enseñados por Jesús nos ponemos al “servicio de las cosas de su Padre”..
Igualmente nos fue abriendo el entendimiento para comprender que Él pasa hacia la Vida en el trabajador caído que es asaltado por la injusticia y que necesita ser curado y hospedado, cuidado y recuperado por el reconocimiento y ejercicio de sus Derechos Humanos.
Hizo seña de seguir adelante, pero lo descubrimos en el Migrante que nos invita a la Hospitalidad y a la atención del que necesita de hospedaje, “porque se hace tarde”.
“Ustedes son testigos de todo esto” Jesús nos ha abierto la mente para que entendamos que el mayor servicio que se puede dar para una transformación de toda la realidad es la entrega de la propia vida. La muerte de Jesús tiene una potencia liberadora que nos traslada del ámbito de la maldad y la muerte, al campo de la bondad y de la vida. En su cruz está la gloria máxima de Dios, que es la vida de los pobres. En ella brilla la luz de la vida nueva de la resurrección, es decir, de la transformación y de la liberación de toda la creación. De allí que hayamos reflexionado sobre los aspectos sociales de nuestra realidad y que Jesús nos haya abierto los ojos para comprometernos con la liberación de lo que retiene y amenaza la vida.
“Ellos al instante se levantaron, volvieron a Jerusalén y encontraron a los once con los demás compañeros…Contaron lo que les había sucedido por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan” (Lc 24, 33-35). Reunidos en La Lupita Cumuapa, en la Natividad y en san Francisco de Gil Pérez, nos encontramos de las distintas comunidades, contamos cómo nos había ido en el caminar de la cuaresma y Pascua, compartimos el pan. Sentimos el impulso de volver a Jerusalén y a Galilea, es decir, al camino de seguimiento de Jesús, sabiendo que Él va con nosotros y que nos llama a colaborar en su Misión: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10).
Esta vida que comienza por lo más elemental, pero que es ya gran regalo de nuestro Dios Creador, nos llama a comprometernos en “Mejorar el medio ambiente, trabajando por reducir la contaminación” (Compromiso de las 3 Zonas). Y, como parte de este ambiente glorioso de la Creación estamos llamados “Trabajar porque el agua potable llegue a todos, gestionando que el agua, derecho de todos, sea potable, mediante la gestión de mantenimiento de las Plantas Potabilizadoras, con cuota accesible” (Zonas 2 y 3). Además el Espíritu de nuestro Señor resucitado nos envía a “Mejorar la integración familiar y a Apoyar a las familias de enfermos, en hospitales” (Zona 1 y 2).
Volvemos, pues a nuestras comunidades y compartimos con ellas lo que nos ha sucedido en el Camino de Emaús 2009, promoviendo la vida, uniéndola a la Biblia y a la experiencia de vida nueva recibida en el bautismo y renovada en la Pascua y en el partir el Pan de la Palabra y de la vida.


P. Javier Garibay sj

CONSTRUIR LA ESPERANZA

El objeto de la esperanza de los cristianos es el reinado de Dios, que se hace presente en los acontecimientos actuales.

En nuestra situación actual de Tabasco se juega mucho con nuestros deseos y este juego no alienta la esperanza, porque el reino de Dios no es el objeto de nuestros deseos.

Si ponemos todo nuestro esfuerzo en satisfacer nuestros deseos más elementales fácilmente somos presa de la manipulación y de la dominación. Pues nuestros deseos son como la lombriz del anzuelo, que hemos estado acostumbrados a morder esperando todo de que las autoridades nos satisfagan los deseos de tener lo básico, el alimento (despensas), vivienda (casas), transporte (bicicletas)…

Cuando no podemos satisfacer nuestros deseos de tener algo para comer o beber, cuando sufrimos las consecuencias de los desastres y hemos perdido todo o casi todo, cuando no tenemos acceso a lo básico para la salud… Cuando lo hemos perdido todo, sabemos que la sociedad no tendrá compasión de nosotros, a no ser que se nos dé lo que se pueda, aun eso sirva para acallar la conciencia del que da y del que recibe.

En estas situaciones de desastre más que esperanza tendemos a la desesperanza y nos acogemos como niños a lo que podamos recibir proclamado a los cuatro vientos como una gran acción, que nos infantiliza. Otras veces huimos a refugiarnos al alcohol y las drogas y quién sabe si hasta al suicidio.

Jesús no se olvida de nuestros deseos, pero no nos manipula, propone que el objeto de nuestra esperanza y de toda búsqueda sea primero el reino de Dios, y todo lo demás se nos dará por añadidura. Esperanza y deseos no son, lo mismo.

Buscar el reino e Dios nos hace libres de nuestros deseos y de la dominación manipuladora. Porque la esperanza nace cuando, ante la desesperación, aprendemos a actuar. “Dicen que somos incultos, que somos ignorantes, que primero debemos salvar la vida que no los bienes materiales”. Ante amenazas de que estamos en zona de riesgo y a reubicaciones sin participación ni organización, la esperanza sale cuando tomamos nuestra palabra y vamos y hablamos ante las autoridades para que nos escuchen, para que nos den información y no amenazas. Entonces nos damos cuenta que somos capaces de algo. Quien habla y actúa levanta la cabeza con dignidad, descubre que vale y que recupera la confianza en sí mismo, se hace solidario con los que sufren y recupera la alegría.

Hemos experimentado que, sobre todo, las mujeres anuncian la posibilidad de un vida distinta, en la que en verdad todos y todas seamos iguales, en la que tengamos lo suficiente compartido. Han tenido la valentía de dar la cara en la defensa de los derechos de todos y todas.

Jesús quiere que recuperemos nuestra dignidad, que seamos reconocidos por los demás, que seamos tratados con respeto y que podamos relacionarnos con todos sin ser humillados. Ha proclamado y quiere seguir proclamando que “los pobres son dichosos, porque de ellos es el reino de los cielos”.

LA ESPIRITUALIDAD DE LAS COMUNIDADES ECLESIALES DE BASE


Discipulado y envío al servicio del reino de Dios
Este ha sido el tema del Décimo Octavo Encuentro Nacional de las CEBs, realizado en la diócesis de Coatzacoalcos, Veracruz. Más adelante iremos presentando algunas partes de este acontecimiento. Ahora queremos caracterizar algunos de los elementos que, como frutos del encuentro, hemos ido recogiendo sobre nuestra espiritualidad de las CEBs.
«Espiritualidad» quiere decir “lo que nos motiva”, lo que nos mueve.
La espiritualidad de las CEBs ES UNA ESPIRITUALIDAD CRISTIANA. Una espiritualidad, una forma de vida y un estilo de realizar la acción movidos por el Espíritu de Jesús.
Para nosotros la espiritualidad se ha convertido en UNA FORMA DE VIDA Y DE ACCIÓN. Es una espiritualidad de discípulos y discípulas de Jesús., una espiritualidad misionera por el reino.
Jesús, actualmente presente por su Espíritu, es el que actúa. Es el mismo Espíritu que el Padre le ha otorgado a Jesús, tanto desde el momento de su concepción, como en el momento de su Envío, en el Bautismo. Es el Espíritu de hijos e hijas de Dios, que recibimos en el bautismo, que actuó en Jesús a lo largo de toda su vida. Por su fuerza se entregó en la cruz dando su vida para dar vida, el Espíritu que ha sido derramado en Pentecostés sobre su comunidad para continuar la misión confiada a su Hijo.
Es un Espíritu profético que anuncia el reinado de Dios, denuncia lo que se opone y convoca a darle continuidad, en la historia actual a la Misión del Hijo, encomendada por el Padre.
La Espiritualidad de las CEBs es por eso esencialmente MISIONERA, es ACCIÓN. Enviados al servicio del reinado de Dios en la realidad actual, lleva a la práctica la petición que Jesús nos enseñó: “Venga tu reino”. El reinado de Dios ha llegado en la persona de Jesús, en su práctica misionera, en sus obras y palabras.
El reino de Dios es la acción transformadora de Dios en el mundo. Es un mundo transformado por Dios. No es un mundo simplemente mejorado, es un mundo liberado del anti-reino, del pecado del mundo. Este PECADO es un mundo estructurado por la injusticia, que produce pobreza. Es el mudo que ha crucificado a Jesús y que sigue crucificando a los pobres, que les sigue negando su identidad, su participación y su acción en la construcción de una sociedad justa, en donde sea posible la vida digna de los excluidos.
Es una espiritualidad de RESURRECCIÓN, que se hace realidad por la ACCIÓN SOLIDARIA. Primero, la de Jesús, que se hizo uno con los crucificados para bajarlos de la cruz, para que se «levantaran» de su situación que les da muerte. Ahora, la encomendada y llevada a cabo por su Espíritu por muchos medios, uno de ellos, la Comunidad, que mediante la SOLIDARIDAD y el SERVICIO a los crucificados se convierte en presencia de Jesús, en presencia actual de su Misión y de una forma real aunque en camino hacia la plenitud, del reinado de Dios.
Por eso su espiritualidad es la de ser discípulas de Jesús, sal, fermento y luz al servicio del reino (Lema de Encuentro).
Discípulas de los pobres que tienen Espíritu, corazón de pobres. Que son solidarias de los pobres y que su opción por ellos es para que liberados, tengan vida y la tengan en abundancia.
Es una opción, por eso, que pasa por la CRUZ de Jesús, por la cruz de los pobres. Ellas mismas y sus ministros se ven envueltas en el CONFLICTO de esta sociedad que busca otros Dioses, del lucro, del poder y de la dominación y no el Dios que es Servicio, entrega de la propia vida, para la liberación de los hijos e hijas de Dios, que son crucificados por esos dioses.
Este conflicto tiene su causa en la forma de vida y en la forma de realizar su Solidaridad, en la forma de ejercer el SERVICIO Y MINISTERIO. El mundo lo ejercita como dominación. Jesús quiere que “no sea así entre ustedes”. Por eso el servicio no es sólo una forma de fraternidad, sino también una forma de vida contraria a la del mundo, que lo contradice y que se plantea a que ayude a que se transforme la forma de cómo lo vive la sociedad. Por eso los detectores de la economía, del poder de los bines culturales y sociales, ven esta forma de vida y de acción como algo contrario. Como vieron que lo realizaba Jesús y por eso lo crucificaron. De esa CRUZ participan las comunidades. Esa es su espiritualidad de la Cruz
Esta ESPIRITUALIDAD se manifiesta sobre todo, en el servicio y la solidaridad, realizada por actuales ejes que la articulan, como son
• (1) la atención y apoyo a los MIGRANTES, a sus derechos humanos;
• (2) la defensa y promoción de los DERECHOS económicos, sociales, culturales y ambientales, y, por eso, la defensa y promoción de las identidades y proyectos de la identidades INDÍGENAS, de las mujeres, de los OBREROS (Pasta de Conchos y políticas laborales en maquiladoras, etc), de los afectados por VIHSIDA, el cuidado del ambiente de una
• (3) ECOLOGÍA de la tierra, humana y social. Incluye la formación y la participación en
• (4) PROYECTOS ALTERNATIVOS, de SALUD, PRODUCCIÓN, COMERCIALIZACIÓN, que respeten y promuevan la vida desde los empobrecidos. Incluye la
• (5) PARTICIPACIÓN CIUDADANA, pues somos parte de la sociedad civil y desde ahí participamos en los partidos, sin casarnos con ninguno.
Es una espiritualidad que se alimenta de la PALABRA DE DIOS , acontecida en la VIDA y EXPRESADA Y ASUMIDA COMO luz en la ESCRITURA. Es, pues una espiritualidad, del Dios de la VIDA que une fe y vida.
Espiritualidad que se expresa y se dinamiza en el
o VER; como manera de estar INSERTOS EN LA REALIDAD de canda día, como Jesús lo hizo por más de treinta años en Nazaret, en Galilea, en Palestina;
o PENSAR, como forma de REFLEXIONAR, SENTIR Y DISCERNIR LA PRESENCIA Y LA ACCIÓN DE DIOS EN LA VIDA y, por eso, el
o ACTUAR se convierte en MISIÓN, en dejarse conducir por el Espíritu que les envía a ser sal, luz y fermento, PRESENCIA DEL REINO EN SERVICIO DE REINO DE DIOS EN EL MUNDO, hasta que haya cielos nuevos y tierra nueva.
o Es una espiritualidad que intenta vivirse en forma de CONVERSIÓN permanente. De ahí de la práctica de la EVALUACIÓN, no punidamente como forma de eficacia, sino como forma de conversión al reinado. Comunidad que no se evalúa se estanca y muere, es sal que ha perdido su sabor…
o Comunidad que CELEBRA, en la eucaristía en los eventos, en los sacramentos, en la Proclamación de la Palabra de Dios, en distintas ocasiones. Pero ¿qué celebra? Todo lo que hemos dicho, la vida, la solidaridad, la libertad, la resurrección, la Muerte que nos da vida y a que, muriendo lo que no es reino, vamos aprendiendo a vivir y compartir la vida. Se celebra la VIDA. Es una práctica de agradecimiento en todo y por todo lo que nos concede el Dios de la vida y como envío a que agradecidamente lo realizamos compartiendo.
Somos comunidades CREYENTES, que por eso oramos, amamos y esperamos. Somos discípulas y misioneras del reino, optamos por los pobres, siendo pobres, cada vez más con Espíritu, con corazón y manos nuevas y con pies que tratan de romper fronteras, económicas, sociales, culturales, patriarcales.
Todo esto nos hace ser IGLESIA. Somos comunidades ECLESIALES. Todo eso se vive en COMUNIDAD, formando Comunidad de comunidades, en comunión con nuestros Pastores. A ELLOS LES HA ENCOMENDADO EL Señor el cuidado de sus hermanos y hermanas para que a su vez, como pedro, una vez confirmados en la fe, confirmen a su rebaño. En el encuentro se proclamaba “Tenemos Obispos al lado de los pobres”. La proclama no era una proclama política, de líderes de partido, sino una proclama evangélica, se reconoce que, como Pedro, están dispuestos a dar la vida hasta la cruz, para que los crucificados tengan vida, sean elevados y liberados de ella. El reino de Dios nos HERMANA, pues, como comunidad de pobres que creen en los pobres y todos aquellos que crean que ellos son sujetos y actores, desde donde germina ese reinado de Dios. Por eso somos llamados ser como Comunidad, servidoras y solidarias Toda Comunidad es Ministerial, con ministerios tanto comunitarios como sociales, pues nuestra misión se realiza hacia adentro de la comunidad y hacia fuera, hacia la sociedad. Si no somos sal, fermento y luz de la Sociedad y del mundo, no somos Comunidad Eclesial.
¿Y la opción por los pobres? No pide comentarios, pues como vemos, los pobres son su base, su eje, sus actores y agentes centrales. La fe se vive como pobres con Espíritu, que es también su base. Una base necesita su reino… Yna base que lo finque en la fe, una base que sustente a pueblos nuevos, una base que lo deje crecet
NOTA 1: Con frecuencia identificamos la espiritualidad con algunas prácticas que llamamos espirituales, pero la espiritualidad es una forma de vida que atraviesa todo el ser y que en las comunidades se manifiesta como Solidaridad y Servicio, como toda forma de amar y servir al hermano crucificado, desde el Espíritu de Jesús, de su forma de vida y acción, desde esa su Misión por el reino de Dios.
NOTA 2: También identificamos lo «espiritual» con lo religioso. Pero existen dos formas en las que se vive y expresa lo espiritual: la forma religiosa, como son novenas, retiros, horas santas, etc.; y otra forma secular, como servicio, como son la atención a los enfermos, la promoción social, la participación ciudadana que procura una sociedad más digna y justa; la organización de la base y de identidades diferentes; la participación los movimientos sociales como el Foro Social Mundial, etc. Todas ellas son forma de la «ESPIRITUALIDAD» y ninguna debería de oponerse sino de vivirse en unidad de fe y vida por causa de la justicia que promueve el reinado de Dios. Las dos tienen que ser misioneras y fuente de ministerios de diversas maneras, religiosas y seculares. Todos ellos «espirituales».
NOTA 3: estos son «huesos», la carne la ha dado el encuentro. En las siguientes ediciones iremos presentando aspectos que nos dieron y nos pueden seguir dando vida y aliento.

Ignacio Javier Garibay,SJ